
Pansan los días, las horas, y así va la vida.
Ella camina bien firme, tan firme que una pista de ello eran sus pies, que retumbaban en suelo. Con la cabeza bien en alto se dirijía precisamente donde quería llegar, donde había planeado llegar bastate tiempo atrás. Nada lograba desvíar su camino, aun que los obtaculos eran tentadores, constantes, los supo dominar. Ella tiene propositos claros, que sin lugar a dudas nadie podrá juzgar pero sí envidiar, y no titubea para saborea esa luz con su oscuridad. Saborea cada tiempo, saboreando el silencio de su eternidad, de su eternidad en el instante vivo.
Ella no tiene miedos, no acobarda sus acciones, porque sus acciones son disfrutables para ella, y para quien pudíera algun día conocerlas. Ella es única, ella toma café sin azucar, y fuma cigarrillos antes de, y después de.
Quizás algun día se juzgue por aquellas situaciones que nadie conoce, pero el consuelo del criminal es ese, y ella es su complice, su defendido, y su testigo.
Nada la hizo agachar la cabeza, nadie pudo lograrlo. Ella sigue caminando tan firme como siempre, con un cuerpo feliz, una mente feliz, y con su espíritu en paz.
Nadie la conoce tanto como yo, nadie conoce sus pensamientos tanto como yo, nadie ha sido testigo como yo, de cada paso blanco y negro que dío, que dá, y que dará. Ella, en conclusión, hace lo que se le antoja hacer, siempre y cuando no la saque de su camino. Ella hace lo correcto, y lo correcto es saber y conocer, todo su ser.

