lunes, 22 de septiembre de 2008

Te amaré...


Me costaba creer en la maldad del humano, más bien me costaba creer que existiera una persona capaz de hacer daño a otra. Todavía tengo mis dudas, y eso me juega en contra. Cuando conocí la historia de Carlos sentí un dolor tan fuerte, una sensación espantosa que hasta el día de hoy me hace derramar lagrimas y dolor... Carlos estuvo casado durante años, tiene dos hijos y su vida ahora es la de un niño. Vive con su madre, y a ratos suele preguntar por lo que fue su familia. Él tuvo un accidente automovilístico, quedando paralítico, y con un notable retraso mental que lo hace parecer un niño, que lo hace hablar cosas de niño, que lo hace tener una inocencia que le ayuda a no ver su realidad. Después del accidente su esposa lo abandono, abandono a la persona con quien prometio estar en las buenas y en las malas, abandono también las emociones compartidas con él, abandono a la persona que dijo amar. Sus hijos no saben mucho de él, y es porque estan pequeños. La madre de Carlos llora seguido, sufre al ver a su hijo en ese estado, y sufre más preguntandose por qué las cosas tenían que ser así, por qué tenían que abandonar a su hijo, y mantiene un miedo latente de morir y abandonarlo ella también. - Mi hijo no merecía todo esto - Dijo con ese dolor que sale de lo más profundo del ser.
Yo por mi parte trato de entender lo que pasa por la mente del humano cuando actúa de esa forma tan asquerosa, repugnante, maldita, y sinceramente prefiero mirar el cielo y pedirle a Dios que me ayude a jamás comportarme asi y que me maldiga por el resto de mis días si llegara a hacerlo, siento que es demaciado shockeante y vacío.
A veces me cuesta dominar el "odio" y las ganas de venganza, al igual como la maldad que todo humano posee por esencia, también me cuesta dominar el miedo que me da la inconciencia e inconcecuencia de algunos de mis actos...
(¡Perdón...!)