
Guardaba una pequeña canción que escribió en un papel de cuaderno, pensando que podía llegar a ser un gran exito, y soño que su canción era famosa, era la más linda, era la más popular, y se lleno de satisfacción por tener la esperanza de que en algún momento sería así, conformandose con las expectativas...
Trato de que su canción reluciera, puso sus ojos en ella, la modificó en su cabeza y cada vez sentía que era más linda, más entretenida; en fin, sentía que la canción en algun momento sería lo que ella buscaba, pero en realidad nunca cambio de forma, siempre fue la misma base, con el mismo objetivo, con el mismo ritmo, y con las mismas fraces. Paso el tiempo, pasarón otras canciones por su cabeza, pero esa seguía siendo, sin duda, la más especial. Le costaba darla por terminada ya que sabía que no era como la deseaba, y prefería vivir de idealizaciones antes que cambiarla. Nunca termino de escribir la canción, y dejo a medio terminar otras que sin duda eran exitosas. Pasarón algunos años en su vida, y tuvo la oportunidad de dar a conocer la canción que creyó, podía hacerle feliz. La canción fue un rotundo fracaso, y no tan solo no gusto, sino que también fue rechazada, anulada, olvidada ( La canción exitosa habitaba en su mente y no era real ) . Siempre llevará la canción en su corazón, y lamentablemente no es por su valor fructifero, sino por la lección que le dió el haberla escrito, por lo aprendido, y aun que le dolió romper la hoja en donde trato de escribir una buena canción tantas veces, aprendió que simplemente tiene que ser real, y no quedarse con lo que puede ser.
Después de esto escribió canciones con mejor resultado, y como en su cuaderno de ensayo, fue logrando lo que buscaba. En un momento, sin advertirlo, escribio la mejor canción de su vida.
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